La apuesta más arriesgada del año. Antes que nada quiero advertir que no es un ‘remake’ de la de William Wyler (1959) sino otra adaptación. Personalmente, pienso que esta película debe tomarse de dos formas: teniendo en cuenta la de 1959 o sin tenerla.
Primero de todo, si tenemos en cuenta la de Wyler vemos que han pasado los años a peor ya que no tiene la misma alma y conexión entre personajes y público. La de Charlton Heston (1959) es una obra maestra simplemente por el arte de poder hacer una película de tal tamaño. Ésta tiene un tamaño todavía más grande gracias a los efectos especiales y la espectacularidad que demuestra -y gracias al dinero-, pero, ni por asomo llega al arte de la obra maestra que todos conocemos. Por lo tanto, si vamos pensando en la que todos sabemos debemos reconocer que es horrorosa pese a ser otra adaptación, ya que los elementos que comparte con la de 1959 y la recuerdan positivamente, en la actual están desmejorados.
Por otro lado, si no tenemos en cuenta la de Wyler -y lo digo sinceramente- podría llegar a gustar porque como filme histórico y comercial con efectos, momentos de tensión, escenas espectaculares, elementos épicos, entretenimiento, gozo visual etc da la talla -hemos visto cosas mucho peores-. Sin embargo, reconozco que pese a tener elementos buenos, tiene tantos de negativos que no se merece ser aprobada.
Técnicamente, la película carece de un diálogo poco apropiado para la época, una malísima caracterización de Morgan Freeman, unos efectos especiales muy mejorables -el mar-, una banda sonora empapeladora que solo engrandece la película sin tener claro cuál es el motivo por el que está allí,
un final demasiado inverosímil, una historia medianamente nueva e interesante que se deja una parte muy importante, algunos personajes exagerados -el ‘horco’ de las galeras-, una canción final de créditos a los James Bond que no pega, un Jesús para nada creíble, entre otras cosas.
Sinceramente y desde mi punto de vista, la película decae cuando sale Freeman, pero no por él -le salva el diálogo, sus frases y su poderío- sino porque da la sensación que quieren llegar a su objetivo: que se vea la famosa carrera de cuadrigas. Y con esto deja atrás muchos elementos que el dinero no puede solucionar como, por ejemplo y lo más importante, que el reparto se crea sus papeles y nos hagan creer que sienten lo que están actuando -actuaciones frías-.
‘Ben-Hur’ (2016) no tiene la chispa de la de 1959 porque es, en general, inevitable e imposible igualarla. Sin embargo, como película sin precedentes podría agradar y complacer al espectador que ha comprado la entrada.
Nota: 4’5/10
La comedia y el terror suelen ser géneros muy similares y como no se ejecute bien la trama del filme puede quedar un largometraje horroroso. Y es que este no es el caso de Fede Alvarez porque, con ‘No respires’, el director uruguayo descubre una nueva manera de hacer terror; un terror profundo -incluso que proviene de raíz- huyendo del típico susto fácil.
Homero según los Coen. Los hermanos polifacéticos del cine, los Coen, adaptan la obra clásica ‘Odisea’ de Homero a su manera. Y qué manera. Convierten esta obra en una comedia sarcástica, musical y una aventura llevada a cabo por George Clooney, John Turturro y Tim Blake Nelson quiénes abordan sus papel eficaz y perfectamente.
La cuestión es renovar fichero. Walt Disney Pictures ya estrenó en 1977 una película titulada Pedro y el dragón Eliot (Don Chaffey); lo único que ha hecho la factoría de los sueños ha sido maquillar la historia y estrenar un remake la mar de entretenido.
Demasiado allá. La tercera entrega de ‘Star Trek’ llega a los cines de la mano del director Justin Lin, conocido por su filmografía llena de acción trepidante y que, esta vez, le toca sustituir a J.J. Abrams.
Las trincheras de Kubrick. Una vez más, el gran director Stanley Kubrick fue capaz de impactar al público y hacernos reconocer su gran talento por el séptimo arte llevando al cine una película de la Primera Guerra Mundial antibélica.