Una película bien conseguida que sabe encontrar el equilibrio emocional y proyectarlo adecuadamente hacia el espectador. David Frankel, director de «El diablo se viste de prada», consigue en este film exprimir, a fondo, la fibra sentimental y, al mismo tiempo, el gran talento de actores de la talla como Helen Mirren, Keira Knightley, Kate Winslet o el mismo Will Smith.
La trama principal discurre a través del protagonista (Will Smith) y al problema que cierne sobre él, desde con su conducta hacia sus antiguas amistades y compañeros de trabajo, com a su propia familia. Asimismo, los personajes que se nos presentan como secundarios, desde un principio, acabarán compartiendo protagonismo con Smith y, a la vez, sus historias se entrelazarán, consiguiendo un final totalmente inesperado para el espectador, con un guión a manos de Allan Loeb («The space between us») muy ingenioso y una puesta en escena de los actores bien estudiada.
A banda de la magnífica dirección del film, cabe criticar la excesiva imagen que da de paranoico el propio protagonista que en algunos momentos puede que incluso al espectador le suscite cierta sobreactuación en momentos puntuales del metraje. También, es una película que juega mucho con la lágrima fàcil y, para aquellos que, de alguna manera, no les gusta ver «dramones», este film se añade a la colección aunque no todo gire a través de esto.
En resumen, de esta película puedes esperarte que no todo lo que se te mostrará desde un principio acabará siendo tal y como se espera, jugando con las emociones del espectador hasta el último momento.
Lo bueno: El guión, dirección y actuación de todos los protagonistas en general.
Lo malo: sobreactuación de Will Smith y algunos momentos que hieren la fibra sensible que todos llevamos dentro.
Nota: 7,5
Escrita por Albert Sánchez
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