Madre!

La droga más hipnotizante de Aronofsky. El director de obras como “Réquiem for a dream”, “Cisne Negro” o “Noé” vuelve al cine para presentarnos una historia perturbadora de la que es mejor no explicar mucho porque el factor sorpresa es esencial. Eso sí, personalmente, su película más inquietante.

La película está protagonizada magistralmente por Jennifer Lawrence quien nos mete en su cerebro para estresarnos y enloquecernos en las peripecias provocadas por su marido -Javier Bardem-. Gracias a una cámara asfixiante, un guión ideal y una ambientación macabra en medio de una historia hipnotizante y original, el espectador sentado en su butaca experimenta emociones y sensaciones extrañas para averiguar qué está pasando.

El film cuenta con dos partes difícilmente separables en las cuales, la primera es interesante y propia de un thriller psicológico, y la segunda ya es un despiporre mental y aterrador con el que el público juega segundo a segundo. Sin embargo, hay cierto desequilibrio entre ambas partes así como, también, cierto descontrol del argumento que da la sensación que no sabe hacia dónde va.

Aun así, Aronofsky sabe lo que hace y consigue lo que se propone que es hacer un nuevo thriller psicológico diferente a todos los demás “drogando” al espectador hasta saciar sus cerebros y acabando con una pregunta: “¿qué acabo de ver?”. Una película que, o se odia, o se aplaude.

Lo bueno: Jennifer Lawrence, la historia y como lo cuenta, y obligar al espectador a entenderlo todo.

Lo malo: algunas secuencias demasiado irritantes y que se salga del cine con la sensación de que te hayan engañado.

Nota: 8/10

Distribuida por Paramount Pictures
Anuncios

Cisne Negro

El ballet según Aronofsky. El director de grandes obras como ‘Réquiem for a dream’ estrenó esta película en 2010 para contar una historia sobre el ballet, el sufrimiento que supone, la rivalidad que provoca y la locura que puede comportar.

Perfectamente filmada con una fotografía hábil y una interpretación excelente de Natalie Portman -que no cambia de cara en ningún momento-, esta película transmite sensaciones de desesperación, nervios, intranquilidad, sufrimiento y, en pocas palabras, te abduce de tal manera que parece que estés bailando tu mismo. Además, tengo que reconocer que me engañó por completo. El filme va dejando caer motivos por los cuales piensas que te sorprenderá con un giro argumental y no es del todo así por lo que le gusta jugar con el espectador e intentar asombrar con algo original.

El tramo final de la película es excepcional, de un ritmo frenético y totalmente gozable al estilo de ‘Billy Elliot’ que deja un sabor medio amargo, medio agradable. La cinta va creciendo con el tiempo, pero el número final es tan increíble que la culminación de toda la mezcla que crea Aronofsky queda desproporcionada de sensaciones con el resto de filme así que podríamos decir que lo bueno de la película es solo la última media hora.

Pese a todo, es una creación inteligente, bien narrada y rodada con detalles curiosos y unas actuaciones correctas -destacar Portman y Cassel-.

Nota: 7’5/10