Submergence

Submergence_Fotopelícula_15128.jpg

Cuestionar la verdad en una película resulta a menudo estúpido en si mismo puesto que, en una especie de contrato, al sentarse en la butaca el espectador asume por cierto todo lo que se proyecta. Ahora bien, y esta tiene que ser siempre una de las máximas del guión, una película debe resultar verosímil. ¿Entonces como se consigue? ¡Fácil! (O más bien difícil) A veces solo requiere un poco de tiempo. Porque puede ser un tópico eso de que “el cine es el arte de esculpir el tiempo” pero es solo a través de este que uno puede entender porqué los personajes de una ficción toman las decisiones que toman, dicen lo que dicen o hacen lo que hacen.
Wim Wenders conoce de sobra esa regla, de hecho debería avergonzarme tan solo por mencionárselo, pero quizás en algún momento entre la mesa de trabajo y la sala de montaje confió demasiado en que, como ir en bici, era algo que jamás se olvidaba.

Submergence se sirve a menudo la elipsis (un recurso bien lícito y útil si usa bien) pero recorta tanto el tiempo entre escenas e incluso entre las replicas del diálogo que los personajes y las escenas quedan pegados de tal forma que al final quedan mas planos que un trozo de papel. Las frases literarias o los parlamentos cargados de profundidad existencial que tanto maravillan en las mejores obras del director aquí se convierten en algo completamente paródico e irrisorio; y  aunque la banda sonora sea de las mejores cosas que hay en la película, la fanfarria dramática no consigue emocionar ni siquiera a los actores, que parecen estar haciendo un favor al director mientras piensan en la lista de la compra. De hecho Wenders consigue un hito en el cine contemporáneo al filmar al guapo James McAvoy más feo de lo que jamás lo han filmado (y no olvidemos que se trata de una película romántica).

Si no nos creemos la historia, aún menos el discurso pseudo-político sobre terrorismo islámico que lo acompaña y que se mezcla con unos soporíferas lecciones sobre el mundo submarino que me ha hecho dudar si no era la repetición de un programa de Jacques Costeau.  A todo esto se le añade una construcción mecánica de los planos con algún encuadre que parece sacado de un anuncio de Loewe.

En resumidas cuentas, y anteponiendo siempre la admiración que le profeso a Wenders, uno tiene la sensación que ha hecho la película por no estar quieto y que él mismo es consciente de todos esos fallos pero prefirió cerrar el montaje y pasar a preocuparse del color de las gafas que se pondría en la premiere de esta noche. A veces, también en la vida es cuestión de tiempo, y si en vez de dedicarle un año a una película Wim Wenders la hubiese dejado reposar un par o tres, el tiempo dejaría de ser un problema.

Anuncios

Atómica

Frío, vodka y Theron. El director David Leitch adapta a la gran pantalla la novela gráfica de Antony Johnston de “La Ciudad Más Fría” con Charlize Theron y James McAvoy como grandes protagonistas. Ambos nos adentran en una historia de tiroteos, puñetazos, espionaje y secretos, en el contexto del final de la Guerra Fría, para dar al espectador casi dos horas de entretenimiento, una interesante historia y escenas brutales.

Theron es la encargada de llevar el ritmo del film y demostrar la gran actriz que es y de lo que es capaz de hacer regalando momentos trepidantes y cargados de violencia extrema. Estos instantes son acompañados de una magistral puesta en escena que mete al público en la piel de la espía Lorraine Broughton.

No obstante, pese a unas creíbles interpretaciones y unas secuencias bestiales no deja de ser una típica historia con el MI6 por en medio con un argumento tan complejo que solo lo sigues si es con una copa de vodka. Se sustenta solo por su acción pues más allá de eso no nos brinda nada nuevo que una película de disfrute visual sin entrar en temas emocionales.

Lo bueno: la acción y Charlize Theron.

Lo malo: algunas escenas innecesarias.

Nota: 7/10

Distribuida por DeAPlaneta
Estreno en 303 cines

Múltiple

multiple¿Redención para M. Night Shyamalan? El cineasta indio que en su día fue referido como “el próximo Spielberg” lleva un largo historial de fracaso con la crítica. Su nueva cinta es un thriller psicológico protagonizado por James McAvoy que está siendo humildemente aclamada. 

McAvoy está excelente en su papel de villano con trastorno de identidad disociativo que le permite mostrar casi todo su alcance como actor. Sin embargo, el resto de la película sigue teniendo los mismos problemas típicos del cine de Shyamalan -diálogo surrealista, actuaciones poco creíbles, situaciones inverosímiles-, pero no llegan a dañar la integridad de la cinta.

Las actuaciones del reparto son en su mayoría correctas destacando Anya Taylor Joy y Betty Buckley por encima del resto. La cinematografía a manos de Mike Gioulakis  ayuda a la cinta añadiendo tensión y suspense a falta de estar poco presente en el guión.

Al final del todo encontramos un ‘easter egg’ que solo apreciarán los fans de las primeras películas de Shyamalan y dando un giro inesperado que cambia completamente el significado y la perspectiva de la película. Este giro también justifica muchos de los problemas que tendremos durante el transcurso de ‘Múltiple’.

Nota: 7,5/10

Escrita por Fernando.