El director de espíritu internacional

Foto: ARA

El pasado 28 de septiembre nos llegó la mala, porque cuando se pierde a alguien es mala, noticia del fallecimiento del guionista, director y productor Antonio Isasi-Isasmendi a los 90 años de edad. En Cinezin le hacemos un pequeño homenaje y hacemos un recorrido por su filmografía gracias al crítico Jordi Izquierdo. Sigue leyendo

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Blade Runner 2049

blade-runner-2049-posterTras obras maestras que parecen insuperables o difíciles de igualar, Villaneuve lo ha vuelto a hacer. Es complicado lograr que una película que ha marcado un antes y un después en la historia del cine, como es el caso de “Blade Runner”, no tenga nada (o casi nada) que envidiarle a esta propuesta de continuación. Y esto, ante tanto hype y ya fan declarado incondicional de la de 1982, es un verdadero triunfo para los tiempos que corren.

Villeneuve ha sabido hacer suyo el universo ya creado por Ridley Scott en 1982, regalando al espectador, de principio a fin, imágenes que pocos directores pueden llegar a crear: belleza visual es lo que más define al nuevo Blade Runner. Adaptar este universo al cine contemporáneo no es tarea difícil si detrás de la cámara se encuentra el creador de “La llegada”.

Su casting es de lo más acertado. Ryan Gosling sigue con su misma cara de siempre (qué le vamos a hacer) pero esta vez era necesaria el rostro carente de expresión. La gran sorpresa llega con Ana de Armas que hipnotiza al espectador y resulta ser toda una experiencia verla actuar. Otro de los aspectos a destacar es el sonido que Villeneuve integra en esta historia, convirtiéndose en un protagonista imprescindible y que supone un elemento ya característico en el cine de este director.

Tal vez no estemos ante una obra maestra debido a ciertos aspectos de la trama que podrían recordar a ciertas pinceladas de culebrón familiar. Aún así, esto no enturbia la película y “Blade Runner 2049″ logra ser uno de los must de estos últimos años.

¿Quién dijo que las secuelas son totalmente innecesarias? Equivocados se hallaban. Ojalá más directores con el talento de Villaneuve redescubriendo mundos del cine que todavía pueden ser explorados.

Lo bueno: La dirección, el espectáculo visual que supone y Ana de Armas.

Lo malo: Que alguien la deje escapar.

Nota: 9/10

Escrita por Gabriela Rubio

Distribuida por Sony Pictures España
Estreno en 402 cines

Madre!

La droga más hipnotizante de Aronofsky. El director de obras como “Réquiem for a dream”, “Cisne Negro” o “Noé” vuelve al cine para presentarnos una historia perturbadora de la que es mejor no explicar mucho porque el factor sorpresa es esencial. Eso sí, personalmente, su película más inquietante.

La película está protagonizada magistralmente por Jennifer Lawrence quien nos mete en su cerebro para estresarnos y enloquecernos en las peripecias provocadas por su marido -Javier Bardem-. Gracias a una cámara asfixiante, un guión ideal y una ambientación macabra en medio de una historia hipnotizante y original, el espectador sentado en su butaca experimenta emociones y sensaciones extrañas para averiguar qué está pasando.

El film cuenta con dos partes difícilmente separables en las cuales, la primera es interesante y propia de un thriller psicológico, y la segunda ya es un despiporre mental y aterrador con el que el público juega segundo a segundo. Sin embargo, hay cierto desequilibrio entre ambas partes así como, también, cierto descontrol del argumento que da la sensación que no sabe hacia dónde va.

Aun así, Aronofsky sabe lo que hace y consigue lo que se propone que es hacer un nuevo thriller psicológico diferente a todos los demás “drogando” al espectador hasta saciar sus cerebros y acabando con una pregunta: “¿qué acabo de ver?”. Una película que, o se odia, o se aplaude.

Lo bueno: Jennifer Lawrence, la historia y como lo cuenta, y obligar al espectador a entenderlo todo.

Lo malo: algunas secuencias demasiado irritantes y que se salga del cine con la sensación de que te hayan engañado.

Nota: 8/10

Distribuida por Paramount Pictures

La Cordillera

Lacordillera_Poster_14153.jpg“La Cordillera” es una de esas películas puzzle a medio camino entre el thriller y el melodrama, en la que empiezas con las fichas volteadas sobre la mesa y poco a poco vas girando para empezar a componer. A muchos les llamará el casting (Ricardo Darín, Dolores Fonzi, Elena Anaya…) y a otros quizás el buen sabor de boca que dejó Paulina, la anterior película de Santiago Mitre. Hará falta un voto de confianza quizás, pero si fluyen con el relato prometo que no serán decepcionados.

Algo que jamás habría pensado después de ver la anterior pieza de Mitre es que el director pertenece a esa otra parte de realizadores argentinos. Me refiero a aquella que abandona un poco la verborrea y se ocupa, más allá de la evidente tesis, de los aspectos plásticos del film.  Una banda sonora excepcional (de la santa mano de Alberto Iglesias) y la cámara omnisciente que recorre la cordillera de los Andes sumergen al espectador en ese paraje desconocido y confuso que es a la vez el propio poder. Se agradece que utilice las formas manieristas sin avergonzarse precisamente porque tomar esas decisiones es a día de hoy más atrevido que cualquier ejercicio de sobriedad formal cansino. Si algo se le puede reprochar a la película es la recaída en ciertos mecanismos de la palabra en la trama de Elena Anaya o algunas de la conversaciones políticas que terminan resultando innecesarias y deshinchan un poco su autoría.

Sin necesidad de recalcar la excelencia de todos los intérpretes, a muchos les va a molestar la sensación final de cabos sin atar, pero a mi parecer esa es la más pura de las intenciones, puesto que no hay nada más maligno en el poder político que la incertidumbre y la duda sobre el espectador. Como he dicho al principio si van a ver la película, se van a encontrar ante un puzle; lo bueno es que, mientras muchas obras se apresuran en completarlo antes de los créditos finales, “La Cordillera” le deja uno irse a casa para terminarlo en la más estricta intimidad.

Lo bueno: su ambigüedad.

Lo malo: la trama de Elena Anaya.

Nota: 8/10

Escrita por Víctor Navarro

Distribuida por Warner Bros. Pictures

Kingsman: El Círculo Dorado

Ni el oro hace brillar a Kingsman. La segunda parte del servicio secreto más gamberro y elegante del momento vuelve con el mismo director y protagonistas ayudados por Channing Tatum, Jeff Bridges y Halle Berry. Todos deberán hacer frente a la malvada Julianne Moore quien recoge el relevo de Valentine y pretende drogar a todo el mundo, destruyendo Kingsman del mapa.

Esta segunda entrega no tiene nada nuevo ni sorprendente en comparación con la primera. Aquella era original, con algunas escenas de acción para enmarcar, una historia curiosa y muy bien hilvanada y una excelente alternativa al cine de espías. La de ahora es una repetición de la misma fórmula que les funcionó, pero mal ejecutada pues el argumento no deja de ser convencional y enrevesado, es innecesariamente larga, no hay equilibrio con los nuevos personajes y tiene elementos incoherentes e irreales.

Lo único que se podría salvar de esta segunda parte es su acción, que sigue siendo trepidante y muy bien conjuntada con la cámara, y la banda sonora repleta de música rock perfectamente fusionada con las escenas. A ‘El Círculo Dorado’ le repercute todo el peso de la primera y afirma que “segundas partes nunca fueron buenas”.

Lo bueno: alguna secuencia de acción brutal.

Lo malo: desaprovechar el papel de Jeff Bridges y tener la sensación de querer ver algo diferente.

Nota: 6/10

Distribuida por 20th Century Fox
Estreno en 348 cines

La Reina Victoria y Abdul

‘El Munshi’ de la Reina Victoria. El director Stephen Frears sigue contando historias curiosas. Lo hizo el año pasado con “Florence Foster Jenkins” y ahora explica la historia de amistad entre la Reina Victoria y su criado indio, Abdul Karim.

La película relata un hecho ambientado en 1887 de manera convencional y sin ninguna sorpresa, pero con un tono encantador y entrañable. Gracias a las creíbles actuaciones de Judi Dench -que tiene unos primeros planos excepcionales- y Ali Fazal nos adentramos en un argumento que se hace interesante y, a la vez, curioso con momentos de humor y tensión muy controlados.

El film tiene sus virtudes como es la mezcla adecuada de sensaciones para el espectador que se dejará llevar por los quehaceres de la reina con su maestro indio y los constantes reproches del resto de la casa real. No obstante, le falta chispa y rabia en esos instantes cruciales que marcan la película y podrían haberse aprovechado mejor.

Lo mejor: el duo Judi Dench y Eddie Izzard.

Lo malo: su larga conclusión.

Nota: 6/10

Distribuida por Universal Pictures
Estreno en 210 cines

Submergence

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Cuestionar la verdad en una película resulta a menudo estúpido en si mismo puesto que, en una especie de contrato, al sentarse en la butaca el espectador asume por cierto todo lo que se proyecta. Ahora bien, y esta tiene que ser siempre una de las máximas del guión, una película debe resultar verosímil. ¿Entonces como se consigue? ¡Fácil! (O más bien difícil) A veces solo requiere un poco de tiempo. Porque puede ser un tópico eso de que “el cine es el arte de esculpir el tiempo” pero es solo a través de este que uno puede entender porqué los personajes de una ficción toman las decisiones que toman, dicen lo que dicen o hacen lo que hacen.
Wim Wenders conoce de sobra esa regla, de hecho debería avergonzarme tan solo por mencionárselo, pero quizás en algún momento entre la mesa de trabajo y la sala de montaje confió demasiado en que, como ir en bici, era algo que jamás se olvidaba.

Submergence se sirve a menudo la elipsis (un recurso bien lícito y útil si usa bien) pero recorta tanto el tiempo entre escenas e incluso entre las replicas del diálogo que los personajes y las escenas quedan pegados de tal forma que al final quedan mas planos que un trozo de papel. Las frases literarias o los parlamentos cargados de profundidad existencial que tanto maravillan en las mejores obras del director aquí se convierten en algo completamente paródico e irrisorio; y  aunque la banda sonora sea de las mejores cosas que hay en la película, la fanfarria dramática no consigue emocionar ni siquiera a los actores, que parecen estar haciendo un favor al director mientras piensan en la lista de la compra. De hecho Wenders consigue un hito en el cine contemporáneo al filmar al guapo James McAvoy más feo de lo que jamás lo han filmado (y no olvidemos que se trata de una película romántica).

Si no nos creemos la historia, aún menos el discurso pseudo-político sobre terrorismo islámico que lo acompaña y que se mezcla con unos soporíferas lecciones sobre el mundo submarino que me ha hecho dudar si no era la repetición de un programa de Jacques Costeau.  A todo esto se le añade una construcción mecánica de los planos con algún encuadre que parece sacado de un anuncio de Loewe.

En resumidas cuentas, y anteponiendo siempre la admiración que le profeso a Wenders, uno tiene la sensación que ha hecho la película por no estar quieto y que él mismo es consciente de todos esos fallos pero prefirió cerrar el montaje y pasar a preocuparse del color de las gafas que se pondría en la premiere de esta noche. A veces, también en la vida es cuestión de tiempo, y si en vez de dedicarle un año a una película Wim Wenders la hubiese dejado reposar un par o tres, el tiempo dejaría de ser un problema.