Esperar lo equivocado. Terence Davies adapta la novela de Grassic Gibbon a la gran pantalla ambientada en los albores de la Primera Guerra Mundial mezclando tragedia, amor y esperanza. Adelanto que es un error hacerse ilusiones porque con películas así te dejan sin ánimos.
Es una película que cuenta con una interpretación de Agyness Denyn muy difícil de superar que en cada escena se luce más. Asimismo, es una cinta que tiene una fotografía muy buena -me esperaba más- con un comienzo introductorio bien empleado. No obstante, la mezcla que quiere de amor, tragedia y esperanza hace que se ahogue en sus propias palabras y momentos.
La tragedia está contada con alma e indigna al principio pero cansa al final. La esperanza se mantiene en todo el filme intentando conmover y sería lo único que se salvaría porque el peso lo tiene la actriz principal. Y el amor… Un amor ‘pastelero’ muy predecible que se desarrolla velozmente pero que pierde toda su esencia.
Lo bueno: actuación, fotografía y monólogos interiores. Lo peor: no me convence, ni me conmueve y podría dar mucho más de sí. Una casi decepción.
Nota: 5’5/10
Seamos psicópatas. Una de las mejores películas del cine dirigidas por Stanley Kubrick -como no- que pretende que nos pongamos en la piel de un psicópata y su grupo y nos dejemos llevar por su vida.
Típica y emotiva. El director no se corta con los momentos típicos y los elementos tópicos cuando quiere llevar al cine la historia de Michael Edwards, el más famoso saltador de esquí en la historia británica.
Realismo y Kubrick. Dos términos que cuando se juntan crean obras de arte. El director más retorcido y polémico quiso hacer una película basada en el siglo XVIII mediante la historia de un personaje muy libertino. Y le salió bien, pero que muy bien.
