El sencillo drama psicológico de Farhadi. El director iraní tiene siete películas en su filmografía y con ésta nos vuelve a dejar con la boca abierta. Es una película muy sencilla con tan solo cuatro escenarios y un reparto soberbio en sus papeles que, con muy poco, nos sumergen en una historia sobre la venganza, las relaciones sociales, la sociedad iraní y la evolución de una pareja.
Empieza con una dura denuncia al sistema y, como espectador piensas que el film irá con esta idea, pero a medida que avanzan los minutos te das cuenta que el director nos quiere empapar con un thriller psicológico hecho de manera sutil y magnífico técnicamente.
Contiene algunas escenas provocativas y duras de soportar con las que piensas que no sucederán, pero sirven para mostrar hasta dónde puede llevar la ira y la venganza de un hombre. Si es verdad que no es para todos los públicos por su ritmo lento y, personalmente, no termina de ser redonda en todos sus aspectos, pero consiguió hacerse interesante.
Así pues, Asghar Farhadi demuestra su gran capacidad de hacer buen cine con una historia muy sencilla elevada en lo más alto para demostrar que una cosa pequeña puede ser muy grande.
Lo bueno: su pareja protagonista.
Lo malo: su ritmo y puede dejarte indiferente.
No al perfeccionismo; sí a la autodestrucción. David Fincher presentó su cuarta película en su filmografía el año 1999 con esta teoría particular:
Siendo sincero, tengo que admitir que el giro argumental principal es previsible y fácil de descifrar -almenos lo ha sido para mi-, pero no por eso es una película inferior. De hecho, pienso que hacer una creación de tantos minutos sobre cómo se funda un club de lucha para descargar frustraciones e ira y su posterior evolución tiene mucho mérito y, si además, hay capacidad para analizar psicológicamente cada personaje y darnos cuenta de las feroces críticas a la sociedad, la masculinidad, la publicidad, el capitalismo y muchos otros subtextos nos queda una grande obra maestra de la Historia del Cine.