Ema

‘Ema’ es inclasificable, provocadora y única que vale más por su experiencia sonora y visual que por su historia sin emoción y aburrida.

Título original: Ema
Dirección: Pablo Larraín
Guion: Guillermo Calderón, Alejandro Moreno, Pablo Larraín
Música: Nicolas Jaar
Fotografía: Sergio Armstrong
Reparto: Mariana Di Girolamo, Gael García Bernal, Santiago Cabrera, Giannina Fruttero, Catalina Saavedra, Eduardo Paxeco, …
Fecha de estreno: 24/01/2020
País: Chile. Duración: 102′. Género: Drama.
Distribución: BTeam Pictures. Cines: ?. Tráiler.

Sinopsis: explica la historia de Ema, una joven bailarina que decide separarse de Gastón luego de entregar a Polo en adopción, el hijo que ambos habían adoptado y que fueron incapaces de criar. Desesperada por las calles del puerto de Valparaíso, Ema busca nuevos amores para aplacar la culpa.

Pablo Larraín es un director que pretende convertir una historia, aparentemente fácil y sencilla, en una experiencia cinematográfica mediante un laborioso trabajo del aspecto técnico. Sin embargo, sus dos últimos trabajos, Neruda y Jackie son dos castañas aburridas e insufribles, fácilmente olvidables, que pretenden explicar la vida de una persona bajo el signo de «un estilo personal y único». Con Ema hace exactamente lo mismo pese a que no estamos ante una película biográfica sino un drama social con una adopción de por medio, una relación de pareja tóxica e inmadura, unos bailes espasmódicos reggaetoneros y relaciones bisexuales.

La idea de Larraín quiere ser única, original y desafiante con el espectador para que éste salga de la sala del cine impresionado después de asistir a un relato que gana ritmo con su sonorización y puesta en escena, ambos aspectos excelentes. No obstante, lo que expone es confuso, disperso y ambiguo, queriendo mostrar una difícil situación familiar de una manera poco convencional que, de bien seguro, descolocará al público (para bien y para mal). Su protagonista, Mariana Di Girolamo, convence en su papel, pese a no cambiar la expresión facial en todo el metraje, y se combina bien con el resto de secundarias, quizás más convincentes que Di Girolamo.

Al final, pues, Larraín hace un experimento de los suyos en un relato que, a nivel personal, no me convence, ni emociona, ni atrapa sino que, más bien me aburre y descoloca en su intento de querer ser único y provocador. Eso sí: como experiencia visual y sonora cumple.

Lo bueno: el aspecto visual y sonoro.
Lo malo: Larraín prefiere ambientación antes que un relato claro y emotivo.

Nota: 5/10

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