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Napoleón, de Ridley Scott

La magnificiencia bélica de Austerlitz y Waterloo esconden un drama romántico insulso y aburrido.

Después de haber tratado la historia bíblica de Moisés en Exodus: Dioses y Reyes, la Historia Antigua en Gladiator, la Edad Media con El Reino de los Cielos y El Último Duelo, sir Ridley Scott vuelve al contexto de Los Duelistas (siglos XVIII y XIX) para explicar la historia de Napoleón Bonaparte. A partir de la premisa del erróneo subtítulo promocional de la película, Vino de la Nada y lo conquistó todo, Scott vuelve a demostrar su maestría y elegancia para filmar las secuencias bélicas y, al mismo tiempo, demuestra sus pocas luces en el lenguaje del drama romántico.

Dentro de la historia

El Napoleón de Ridley Scott lleva por portada la historia de amor entre Napoleón y Josefina. Esta historia es el hilo conductor a lo largo de los 158 minutos de metraje que, ya se avanza, se hacen largos y tediosos. En concreto, la película explica la historia del militar desde la decapitación de Maria Antonieta en 1793 hasta su fallecimiento en la isla de Santa Helena en 1821. A lo largo de la historia, Scott y su guionista en esta ocasión, David Scarpa (El Hombre en el Castillo, Todo el Dinero del Mundo), explican con sumo detalle la toma de Tolón, la batalla de Austerlitz, el periplo contra Rusia en Borodino y la archiconocida batalla de Waterloo.

Phoenix destaca; Kirby desaprovechada

Para la ocasión, Scott decidió que Joaquin Phoenix (Joker, Her, Gladiator) debía ponerse en la piel de Napoleón Bonaparte. Como era de esperar, Phoenix emprende la ardua tarea con decisión y pulso y vuelve a brillar en su trabajo. Mantiene su credibilidad en todo momento y, en según qué momentos, la fotografía de Dariusz Wolski (Piratas del Caribe) consigue representar los lienzos de Jacques-Louis David.

Vanessa Kirby (Fragmentos de una Mujer, Misión Imposible 7) se encarga del contrapunto de Bonaparte y, por tanto, de Phoenix. Poco a poco va demostrando su habilidad para representar todo tipo de papeles variados y duros y, aquí, como Josefina logra dar verosimilitud al personaje que determinó la vida del general francés. Sin embargo, el protagonismo es para Napoleón y, en consecuencia, Kirby no consigue ser igual de determinante e inolvidable para el espectador. Queda bajo la sombra de Phoenix. Podría ser porque Scott no saca el máximo provecho al personaje ni se molesta en interesarse por ella.

Visualmente apabullante y espectacular; ¡qué menos!

El director nos tiene acostumbrados a altas dosis de acción y entretenimiento. Desde el género fantástico con Alien, el octavo pasajero hasta en el drama de moda de La Casa Gucci, Ridley Scott sabe cómo filmar, cómo sorprender a su audiencia y cómo convertir películas en grandes películas. Napoelón no es una excepción y en las escenas bélicas, una vez más, nos hace vibrar como nadie lo hace.

Además, tanto en la representación de la batalla de Austerlitz como en la de Waterloo, y sin entrar en detalles histórico-académicos, el espectador siente ser uno mismo en el campo de batalla gracias a los múltiples movimientos de cámara, al diseño de producción y los efectos especiales. Tanto en una u otra puede recordar a esas inolvidables batallas vistas en el cine como en El Retorno del Rey, Ran o la mismísima Braveheart, entre muchas otras. De esta manera, eleva al film a una posición que el drama romántico por sí mismo no llegaría y proporciona un valioso ejemplo de recreación histórica.

Conclusión

Por lo tanto, el Napoleón de Ridley Scott es un buen producto bélico, histórico y épico, pero que contiene una historia aburrida, irregular y tediosa. Desgraciadamente, el guion no destaca por sus diálogos ni tampoco por su reflexión histórica, puesto que la línea temporal histórica está explicada a trompicones y sin un hilo bien hilvanado, más allá de la relación entre Josefina y Napoleón.

Como el erróneo subtítulo indica, Scott decide mostrar que Napoleón vino de la nada y lo conquistó todo. Sin embargo, ni vino de la nada (lo que consiguió se lo fraguó él mismo poco a poco con una larga carrera militar) ni lo conquistó todo (midió pulsos con los imperios, quedando reducido, al final, a nada). Aparte, el film termina con un recuento de muertes que acompañaron al general francés al concluir sus batallas, detalle realizado con el objetivo, supuestamente, de endiablar la figura demasiado enaltecida de Napoleón Bonaparte.

Lo bueno: las batallas de Austerlitz y Waterloo.
Lo malo: los 158 minutos se hacen pesados y la parte humana tediosa.

Quien firma esta entrada es Arnau Roura, creador y director de Cinezin.com. Un proyecto personal iniciado en 2015 con el único objetivo de escribir sobre cine. Reseñas de películas en cartelera y plataformas, actualidad relevante, monográficos cinéfilos, listados de películas, entrevistas a celebridades, cobertura a festivales de cine (Cannes, Berlín, San Sebastián, Sitges, BCN Film Fest, D'A Film Fest, entre otros) y asistencia a premios de cine (Goya, Feroz, Gaudí). Somos miembros de la AICE.

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