Cobertura del BCN Film Fest 2021

La 5ª edición del Festival Internacional de Cinema de Barcelona-Sant Jordi (BCN Film Fest) se celebró del 15 al 23 de abril. A continuación, podéis leer la cobertura del BCN Film Fest 2021 con todas las opiniones de las distintas películas que visualizamos y disfrutamos a lo largo de los nueves días.


Entre Rosas (7/10)

El cine francés siempre ofrece pequeñas historias que acaban convirtiéndose en grandes y memorables películas. Quizás es exagerar, pero no hay nada más complaciente que ver una película, aparentemente correcta, y salgas de la sala de cine entusiasmado con ella, agradecido de haber entrado en una historia emotiva e interesante. Este es el caso de Entre Rosas o, como el acertado título en francés indica, La Fine Fleur, puesto que expone cómo de fino y preciso se debe ser cuando se procura crear una rosa. Personalmente, hasta el momento de ver la película, dirigida por Pierre Pinaud, desconocía por completo dicho oficio y todo el sector existente detrás. Por eso, esta película contiene un valor didáctico adicional que compagina magníficamente con la parte más cinematográfica.

En concreto, Entre Rosas explica la historia de Eva, una mujer famosa por crear rosas distintas e inusuales a las que estamos acostumbrados. Heredera del negocio de su padre, cada año participa en un concurso de rosas para demostrar su destreza en el negocio. No obstante, lleva años sin ganar, se encuentra al borde de la bancarrota y está falta de ideas. Además, tiene un competidor duro y adinerado, el cual no se toma este oficio como un arte, como sí lo atestigua Eva, sino que está más interesado en el dinero. De esta manera, los guionistas Fadette Drouard, Philippe Le Guay y el mismo Pierre Pinaud crean una historia con personalidad, mostrando el típico choque de lo nuevo con lo antiguo, y explicando una historia directa, sin entrar en demasiadas subtramas. Siempre apoyado sobre el carisma y la naturalidad de su protagonista, Catherine Frot, y un ritmo lo suficientemente ligero para que los 105 minutos pasen volando.

Así, Entre Rosas acaba combinando a la perfección la comedia y el drama social para ofrecer a la audiencia una narración agradable, simpática y complaciente, con un tono didáctico y una interesante reflexión sobre nuestros sueños, nuestras luchas y nuestros deberes como ciudadanos. Será inevitable terminar la proyección con una sonrisa.


Poliamor para principiantes (6/10)

Poliamor para principiantes Póster CinezinPoliamor para principiantes es la nueva comedia dirigida por Fernando Colomo (Antes de la quema). Esta película intenta acercar al público a temas tan interesantes como el poliamor, la igualdad de género y las últimas tendencias de entretenimiento social. En cierta manera, recuerda a la película Kiki, el amor se hace de Paco León, en la cual se muestran situaciones tan graciosas como interesantes. El filme tiene un estilo ligero, con un aspecto más televisivo que cinematográfico. Si bien procura mostrar las características de las relaciones poliamorosas, ese objetivo se convierte en una torpe retahila de definiciones enciclopédicas sobre ello. Sin embargo, el esfuerzo por mostrar estos aspectos se agradece, pero resulta forzado y poco orgánico.

En cuanto al reparto, cabe destacar que se trata de una película fundamentada, principalmente, por sus protagonistas. Por un lado, Quim Ávila se desenvuelve muy bien, pese a que en ciertos momentos su personaje actúe de forma poco consecuente o creíble. Por otro, el personaje de la actriz Toni Acosta recuerda al que interpretó en la película Padre no hay más que uno, de Santiago Segura, con poca ocasión para lucir su talento y con una intervención desaprovechada. En cambio, el personaje interpretado por Karra Elejalde, rebosa naturalidad y gracia, logra sobresalir a lo largo del filme.

En definitiva, Poliamor para principiantes es una comedia ligera y divertida que principalmente habla sobre el amor, el respeto y la sinceridad; que acerca al público a los interesantes conceptos del poliamor como otra manera de relacionarse afectivamente. Combina con acierto diversas temáticas como el fenomeno youtuber, la afición por la cultura pop y la sexualidad. Este tipo de productos juega un papel muy importante y trascendente en la sociedad, pues sirve como instrumento para descubrir y conocer otras formas de relacionarse y exhortar a las personas a ser más respetuosas con las demás.

Trailer. Escrita por Gabriel Bonanni.


La Mujer del Espía (6,5/10)

Bajo un guión de premisas en apariencia simples, el japonés Kiyoshi Kurosawa visita los ominosos años que conducen a la II Guerra Mundial para presentarnos una historia envuelta de falsedades, misterios y secretos. Todo lo que aquí se ofrece debe ser examinado doblemente, pues la cinta se asienta sobre bases siempre ambiguas e imprecisas. Wife of a Spy o La mujer del Espía consigue desplegar, después de un inicio habitado de escenas dispensables que resultan verdaderamente agotadoras, todo su potencial en virtud de una pluralidad de registros donde mezclan el trasfondo contextual de los años 40, el cine clásico con patrones modernos y la intriga inherente al cine de espías y secretos abominables.

Todas las miradas se dirigen, nunca mejor dicho, a Yusaku y Satoko, una pareja casada que, en un inicio, deja dudas de su solidez en una de esas escenas improductivas donde Satoko, de una personalidad candorosamente pueril, invita a tomar té a Taiji, un amigo de la infancia recientemente ascendido dentro de la jerarquía militar, el cual le recrimina que le haya invitado ocultándole la ausencia de su marido, que se encuentra en un viaje a Manchuria. La secuencia muestra, no obstante, la severidad en la que se mueve Taiji, personificando los tiempos de creciente hostilidad.

El largometraje, que hasta ese momento resultaba ser algo insustancial, incrementa sus dosis de tensión y adquiere cierta lobreguez una vez Yusaku regresa de Manchuria. Entonces, descubre un secreto nacional que no puede ocultar y decide hacerlo público a pesar de las consecuencias que se ciernen sobre él y su esposa. Su condición de espía es imposible de adivinar a pesar de servir de título del largometraje, pero no la defensa a ultranza de su cosmopolitismo e ideales que propugna. En una película donde predomina el verde militar y el juego de claroscuros, no consigue elevar sus planteamientos porque se agrieta allí donde debe profundizar, a pesar de un final de gran impresión dominado por las llamas.

Trailer. Escrita por Sergio Gavilán.


The Good Traitor (7,5/10)

The Good Traitor presenta la controvertida figura de Henrik Kauffmann, quien durante el período de la Segunda Guerra Mundial, se erigió como el portaestandarte de una Dinamarca libre en oposición a la Alemania nazi. Contraviniendo los rasgos de “el buen diplomatico”, se nos revela la discutida figura de Kauffmann, un hombre que, siendo estrictos, no se acoge a la taxonomía básica de la personalidad diplomática, sinó, más bien, a la de un hombre divisivo: unos abogarán por su decisiva participación política en el periodo de la IIGM; otros antepondrán su nebulosa traición y consideraciones egoístas.

Lo que atestiguarán los espectadores es un filme que lo abriga todo: tensiones y dificultades amorosas y políticas, aderezada de egoísmo, envidia y celosías. La obra se desarrolla íntegramente en entornos que, en ocasiones, invitan a la quietud y, en otras, desabrochan ventanas que recogen armonía y alborozo. No obstante, ahí reside el mérito añadido de esa inquietante puesta en calma: el posado de un vaso en el marco de una piscina es una bomba que estalla a miles de quilómetros; las carcajadas de escolares, gritos de dolor; las delicadas conversaciones al amparo de verdes jardines son los discursos envenenados de Hitler y de sus correligionarios convulsionados por el odio.

La directora Christina Rosendahl exhibe a nuestro protagonista, desconocido por la mayoría, para recordarnos que un diplomático danés se negó a rendirle pleitesía al nazismo, revelándose y urdiendo un inteligente plan político para desarbolar al Führer; eso sí, cabe añadir, desde los lujos y la cómoda opulencia de Washington. Aun así, es menester recordar aquella ominosa advertencia del poeta del renacimiento para precisar la índole de nuestro personaje: “Los confines más oscuros del infierno están reservados para aquellos que eligen mantenerse neutrales en tiempos de crisis moral”

Trailer. Escrita por Sergio Gavilán.


Sombra (6,5/10)

El segundo largometraje del portugués Bruno Gascón es una historia basada en hechos reales. Ana Moreira, que interpreta el papel de Isabel, retrata fielmente el sentir de aquellas personas a las que un hijo les ha sido arrebatado, en este caso Pedro, de 11 años de edad. Su desaparición en 1998 es solo el inicio de un interminable camino de incertezas, salpicado a partes iguales por la inoperancia y negligencia de los servicios policiales y la negación de la vida misma.

A pesar de la que película recorre cuatro etapas distintas (1998, 2004, 2011 y 2013), el espectador solo apreciará una imagen: el semblante alicaído de Isabel, que mira sin observar un futuro borrado y un presente ensombrecido, con la ventana del pasado como única vía donde encontrar atisbos de consuelo. Todo el peso de la obra recae sobre la madre, Isabel, que es la indiscutible protagonista de la historia: transida de dolor, será a través de sus ojos donde observaremos escenarios oscuros, repletos de toda suerte de tensiones y dificultades, muy bien expresados en los momentos de máxima dificultad. Los escenarios, físicos y simbólicos, perfectamente construidos por Bruno Gascón, reproducirán el sentir humano: unas veces, la sombra y el silencio reflejarán la pérdida del sentido; otras, la lluvia torrencial será el eco de nuestra ira, como el agua de nuestra desnudez.

Sin embargo, la cinta no fluye ni transciende. De un ritmo pausado y lento, no explora algunos hilos que, posiblemente, hubiera dotado a la trama de más contenido e interés. De este modo, Sombra narra, infelizmente, la historia tantas veces contada de la desaparición de un niño y la desesperación de una madre, que vive sin vivir en una agonía perpetua, sin luto, ni duelo, en una travesía penosa regentada por la oscuridad y el silencio.

Trailer. Escrita por Sergio Gavilán.


Envidia Sana (5,5/10)

Desde 2012 con El Chef, la receta de la felicidad que el director francés, Daniel Cohen, no aparece en las salas de cine. Ahora regresa con una comedia protagonizada por Bérénice Bejo, Vincent Cassel, François Damiens y Florence Foresti. Se titula Envidia Sana y, desgraciadamente, es una película que no destaca por nada en concreto. La historia trata sobre dos parejas de amigos de toda la vida que, un día, su armonía se rompe cuando, Léa, a más discreta, se hace famosa con al publicación de su primer libro. En consecuencia, se destaparán un conjunto de envidias, celos y toxicidades que irán desarrollando los personajes, aflorando su verdadero yo y demostrando qué tipo de personas y amigos son.

Cada uno de los cuatro personajes protagonistas tiene su rígida forma de ser que no evoluciona en ningún momento, terminando igual que empiezan. Por eso, no deja de ser una película para pasar la tarde, sin grandes objetivos y con una narración que no encuentra su lugar correcto, siendo, a veces, un tanto repetitiva. Aun así, cabe destacar que el film consigue lo que se propone: que el público se enamore de Léa y termine odiando a Marc (su pareja) y Karine (su mejor amiga), quienes intentan restarle importancia a lo que Léa consigue y le retraen en más de una ocasión que ha dejado de ser quien era antes. Al final, lo sorprendente es cómo Léa consigue florecer incluso en un terreno lleno de envidias, desvalorizaciones por parte aquellos que más tendrían que apoyarla.

Trailer. Escrita por Milena Munjé.


Valhalla Rising (6/10)

En 2009, Nicolas Winding Refn todavía no había saltado a la fama como lo hizo después con Drive o The Neon Demon. Sin embargo, ya llevaba unos años demostrando personalidad en la dirección con trabajos como la saga Pusher, Fear X o Bronson. Después de este drama biográfico, con un espléndido Tom Hardy, decidió hacer una incursión en el subgénero de las películas de vikingos con Valhalla Rising, un experimental descenso al Valhalla o infierno a través de un personaje enigmático, deshumanizado y casi monstruoso.

Entre el género de aventuras, el drama y, según se mire, el de ciencia-ficción, Winding Refn explica, por episodios, la historia de One-Eye, un guerrero esclavo en plena Edad Media que logra escapar del yugo en el que había permanecido durante años para vivir su vida en libertad. Aparentemente, parece una historia básica y convencional, pero el director y su equipo realizan un trabajo espléndido a nivel técnico para convertir dicha historia en un viaje introspectivo y reflexivo sobre la evolución del ser humano. Aunque parezca inverosímil y el film tenga un ritmo pausado, casi tedioso, la historia de One-Eye es la visión del director sobre la vida: nacemos ligados y esclavos, nos liberamos y andamos sin rumbo, topamos con la religión y el cristianismo, el cual nos nubla y aturde, pero nos motiva a seguir un rumbo hasta que se vuelve innecesario y ficticio y volvemos a liberarnos para, al final, acabar pereciendo.

Todo este relato está presente en el trabajo de Winding Refn. Debe avisarse, sin embargo, que consiste en un periplo extraño e inusual que a no todos los públicos les gustará. No es habitual visualizar proyectos así, tan personales y con elementos tan abstractos e interpretativos. Por momentos, recuerda a El Reverendo (Paul Schrader, 2017) o Los Últimos Días en el Desierto (Rodrigo García, 2015). En definitiva, Valhalla Rising no se trata de una película de acción y luchas entre vikingos sino, más bien, una visión muy personal y diferente de la evolución del ser humano adornada por una fotografía y un uso del color impactantes, y un Mads Mikkelsen imponente.

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El Triunfo (8/10)

En España se estrenan una gran cantidad de películas francesas, muchas de ellas comedias y grandes éxitos de taquilla. Es habitual ver en sus carteles promocionales la típica frase «Éxito de taquilla en Francia» o «La comedia francesa del año». Sin embargo, muchas no pasan de ser películas pasables, correctas y fácilmente olvidables. Aun así, siempre aparece alguna que roba el corazón y se queda perpetuamente en la mente del espectador. Este es el caso de El Triunfo de Emmanuel Courcol. El director y guionista francés teje un relato entrañable, emocionante y curioso que hará las delicias de los espectadores de un sábado por la tarde.

En ella se explica una historia real de superación que le aconteció a un director sueco, Jan Jönson. Éste decidió adaptar la obra de teatro Esperando a Godot de Samuel Beckett con actores reclusos de una prisión sueca para reflexionar sobre la rehabilitación en la sociedad y ofrecer otra imagen de las personas en prisión. Ahora, el cineasta Emmanuel Courcol lo ha llevado a su terreno, en Francia, y ha sabido crear una obra simpática, agradable y buenrollista que desprende amor por el teatro e invita a la reflexión. La película se equipa con un buen grupo de actores creíbles y carismáticos, capitaneados por el veterano Kad Merad como Etienne que acompañan a la audiencia durante 105 minutos para que ésta se divierta y descubra otra manera de hacer teatro. De hecho, un acierto del film es que es directo, es decir, no se entretiene abriendo subtramas alargadas y profundas sino que, con muy poco, te presenta la historia de cada personaje.

Además, la película va más allá de la propia obra de teatro para ofrecer otra visión de las personas en prisión, quizás un tema muy abordado ya en los dramas carcelarios. Las muestra, valga la redundancia, como personas, con sus sueños y objetivos en la vida, las cuales están cansadas del sistema carcelario, de esperarse, y se animan con esta obra de teatro para salir de la monotonia de la rutina. Asimismo, el director y su equipo aportan un valor didáctico a la película, idóneamente mezclados con dosis de humor y drama para acabar construyendo una historia encantadora e interesante sobre el éxito y el fracaso, las normas y el desorden, las ilusiones y las penas. Es cierto que la visión carcelaria es algo edulcorada y, por momentos, difícil de creer, pero eso no desmerece que acabes de ver la película con una sonrisa y muy buena sensación.

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El Fotógrafo de Minamata (6/10)

Uno de los más importantes y escalofriantes desastres medioambientales del siglo XX fue el de Minamata (Kumamoto), localidad japonesa que, en los años 50 se convirtió en el centro de un brote de envenenamiento por metilmercurio que provocaba daños neurológicos graves y permanentes, deterioro de los sentidos, parálisis y muerte. No fue hasta los años 70 que se popularizó gracias a las fotografías realizadas por el fotógrafo Eugene Smith y publicadas en la revista LIFE. Ahora, su historia se puede conocer y ver a través de la película El Fotógrafo de Minamata, dirigida por el director y artista estadounidense, Andrew Levitas (Lullaby).

El Fotógrafo de Minamata consiste en una de esa que merecen ser contadas, por su impacto social y su particular emotividad, aparte de tratarse un caso escalofriante de la historia del ser humano. En concreto, la película empieza siendo un drama biográfico sobre la personalidad, el carácter y la manera de ser y actuar del fotógrafo. Johnny Depp es el encargado de encarnar al protagonista de esta historia y llevar el ritmo de la película para, así, adentrarse en la vida de Smith, su díficil situación económica, su relación con la revista LIFE (los momentos con Bill Nighy son impagables) y su compromiso como artista ante unos hechos como los de Minamata.

Sin embargo, el estilo que emplea Levitas para explicar la historia es muy plana y convencional, sin destacar en nada en concreto y convirtiéndose en un biopic muy simple. Además, a medida que avanza el metraje, se distancia de la vida del propio fotógrafo para transformarse en un mero panfleto sobre el cambio climático, denunciando la contaminación de las empresas y sus particulares corruptelas. Así, de un biopic, a priori, prometedor, inmiscuyéndose en la psique del personaje, pasa a convertirse en un film biográfico del montón para terminar siendo un subrayado anti-contaminación y anti-deslocalización. Por lo tanto, la actuación de Johnny Depp y la propia emotividad del desastre no son suficientes para levantar un trabajo convencional y un panfleto ecologista que echa a perder una premisa prometedora.

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Pequeño País (7/10)

Palabras como «tutsis» y «hutus» o «Ruanda» y «Burundi» nos llevan, inevitablemente, a pensar en «genocidio». No es coincidencia y debería ser mundialmente conocidos ya los acontecimientos de 1993 y 1994 en Ruanda, cuando los hutus decidieron acabar con toda la población tutsi del país. En ese momento, el ahora cantante Gaël Faye vivió dicho contexto hasta que con 13 años emigró a Francia escapando de los trágicos y brutales sucesos de su país natal, Burundi. Su historia sirvió de inspiración para Eric Barbier, conocido cineasta francés, quien adapta la novela homónima de Faye, Pequeño País (Ediciones Salamandra), para la gran pantalla.

En ella se narra la historia de Gabriel, un niño mestizo de 10 años que vive aventuras con sus amigos y su hermana pequeña en la ciudad de Bujumbura, la más poblada de Burundi. Gracias al carisma y la personalidad entrañable del joven actor Djibril Vancoppenolle, el personaje de Gaby cobra vida, simbolizando a cualquier niño y niña que, en ese momento, vio truncada su infancia por el conflicto. Con 12 años ve cómo su vida, la de su familia y la de sus amigos cambia por completo cuando la crispación y el desastre se apodera de las calles de Burundi y llegan noticias de asesinatos en masa de tutsis, perpetrados por los hutus. Barbier construye e hilvana muy bien la historia para mostrar la evolución de los personajes, sus distintas y personales historias, cómo cambia el país ruandés y sus acontecimientos contaminan el país vecino y, finalmente, cómo es volver a un país que ha sido manchado de por vida.

Así, Pequeño País se convierte en un interesante drama histórico y retrato social sobre cómo se vive y, en consecuencia, se pierde la infancia durante un conflicto militar, en este caso la guerra civil en Ruanda. Esos cambios repentinos de un día para otro, la confusión de las noticias, los problemas de comunicación, la violencia a mano armada y a pie de calle, el odio hacia el considerado enemigo, la influencia de la política en las conversaciones de los niños, entre otros temas. Pese a tener un metraje algo largo, se trata de una película cautivadora, emocionante y dura sobre unas vivencias que, desgraciadamente, se siguen perpetrando en la actualidad.

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Una Joven Prometedora (8/10)

Vivimos en una sociedad machista. Nuestro día a día está plagado de comentarios despectivos y faltantes hacia las mujeres. A veces, sin quererlo, nos expresamos de una manera que nos puede parecer normal pero que, en realidad, es una falta de respeto. Como sociedad, tenemos integrados aparentes gestos de amabilidad y respeto que pueden convertirse en micromachismos y, en consecuencia, actos peyorativos que nos embrutecen como personas. Para que la sociedad cambie, reaccione y actúe hacen falta, a veces, mensajes radicales, duros y auténticos puñetazos contra nuestra conciencia. Una Joven Prometedora es un ejemplo.

La directora Emerald Fennell inaugura su filmografía con la historia de venganza de Casandra, una mujer destrozada por la trágica experiencia machista que vive su amiga. Mientras tanto, la película va mostrando situaciones y comentarios en las que una mujer se puede encontrar en cualquier momento. Por ejemplo, el típico «se lo busca», los comentarios ofensivos de unos obreros a una mujer vestida aparentemente de manera «provocativa», momentos en los que un hombre da por sentado que a la chica le apetece pero, en realidad, no dice en ningún momento que sí, entre otras. En definitiva, circunstancias que, desgraciadamente, aún en pleno siglo XXI y en 2021 se siguen reproduciendo día a día.

Sin embargo, el film no termina de concretarse entre el drama, la comedia y el thriller, y contiene algún giro de guión demasiado previsible y falto de originalidad. Además, su polémico mensaje puede tacharse de ultrafeminista y anti-hombres, puesto que solamente hay un personaje masculino «bueno» en todo el metraje, dejando en muy mala posición al resto. Por consiguiente, puede crear rechazo a según qué espectador a menos que se visualice la película con la mente abierta, dispuesto a pensar y, en consecuencia, a cambiar. En cualquier caso, es cierto que Una Joven Prometedora acoge una perspectiva de la sociedad muy cerrada y radical pero, a veces, necesitamos mensajes así de duros para que se reaccione y actúe.

Trailer.

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