Las 5 joyas a descubrir del Atlántida Film Fest 2020

Por Sergio Gavilán.

El mayor festival de cine online de Europa, el ATLÁNTIDA FILM FEST, celebró su 10ª edición desde el 27 de julio al 27 de agosto. Este año triplicaron las cifras de espectadores del año pasado y batieron el récord absoluto de todas las ediciones. Es por eso que, en el presente artículo, se expondrán las mejores películas que visionó Sergio Gavilán en el marco de esta décima edición, según su opinión. Se tratan de cinco joyas a descubrir del Atlántida Film Fest 2020.

LAST AND FIRST MEN

Nos encontramos ante la obra póstuma de Jóhann Jóhannsson. Una especie de documental ficcionado basado en la novela homónima de Olaf Stapledon. El film está ambientado, al mismo tiempo, en el pasado remoto de la humanidad y en una época futura, miles de millones de años en adelante. En él se describe un proceso evolutivo sobrecogedor, pasando del primitivismo más absoluto a una nueva visión colosal del ser humano. El espectador vivirá una experiencia de vida inenarrable, donde se establecen nuevas concepciones de las generaciones futuras y de su comprensión de la vida, la naturaleza y el propio universo. Una aventura experimental lúcida no por revelar a ciencia cierta lo que la posteridad nos aguarda como especie, sino por reconocer que la propia vida en la Tierra evoluciona drásticamente o que el futuro es realmente incierto: la existencia comprende fórmulas inusitadas de vida que ni tan solo podemos llegar a imaginar.

Así que el film es un viaje. Un viaje contemplativo de proporciones filosóficas que transciende todo lo que ya hemos visto, y ello aderezado de una banda sonora sobrecogedora, que participa tanto del film como la voz en off pausada y de carácter narrativo de Tilda Swinton. La imagen en blanco y negro nebuloso, alternando con otras estáticas y en ligero movimiento para cambiar la perspectiva de lo examinado, no es para todo tipo de públicos. Su visualización exige un esfuerzo ímprobo por parte del espectador debido a su carácter metafísico. Estamos, pues, ante una delicada obra atemporal gobernada por palabras e imágenes que estremecen, que describe sin juicio los errores de la humanidad, poniendo de manifiesto su vulnerabilidad y una particular visión (dramática o no) del potencial destino del ser humano en el universo.

SYMPATHY FOR THE DEVIL

A nivel teórico e intelectual, no podemos no estar de acuerdo con el escritor alemán Thomas Mann: “La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz”. Se trata de una verdad infalible: la guerra envilece al ser humano, lo deshumaniza y tritura todo su candoroso virtuosismo. Guillaume de Fontenay logra captar en esta dramática cinta biográfica la esencia de una guerra moderna como la que se libra en los Balcanes. A través de los ojos del periodista de guerra francés, Paul Marchand, se descubre un Sarajevo sitiado y en ruinas, testigo de una violencia desaforada, donde el goteo de bombas y proyectiles es constante. En ocasiones, el cotidiano estruendo se escucha a lo lejos, en otras, demasiado cerca. En cualquier caso, 400.000 rehenes se han acostumbrado.

El film desprende tensión y emoción, características encarnadas en el corresponsal francés, cuya experiencia relató en su libro Sympathie pour le diable. Intrépido y de modales ásperos concomitantes con el contexto, la historia no es otra que la de un periodista de guerra que conoce el suelo que pisa y que reconoce los amargos sabores de miles de millones vidas humanas. Y es que el sitio más largo de la historia moderna no es otra cosa que una deshonra internacional, un silencio largo en exceso. En este contexto, afloran emociones de angustia, estrés e incertidumbre para los que lo viven, y ahí la actuación de Niels Schneider haciendo el papel del fotoperiodista se eleva a cotas muy altas. Al final, el film comprende que, al examinar las propiedades de una guerra, es inevitable pensar a la vez en ruido y silencio: un silencio prolongado que atraviesa miseria y dolor, solo quebrado por el sonoro estruendo de la munición, que lleva impresa el nombre de la muerte y la ignominia.

LA PINTORA Y EL LADRÓN

Benjamin Ree dirige uno de los mejores trabajos del Atlántida Film Fest. The Painter and the Thief ––en su versión original–– no es la narración de un robo en una pinacoteca de las obras de la artista y naturalista checha Barbora Kysilkova, sino el encuentro de dos almas a la deriva que tienen al arte como testigo y como punto de unión. Picasso dijo una vez que el arte limpia el polvo de la vida cotidiana. Es posible que el ojo del artista (en este caso la protagonista femenina, Barbora) lograra contemplar en Karl-Bertil, un criminal, algo que nadie más supo, desprendiéndose de cada lámina de su piel denigrada y explorar en sus profundidades con un pincel y un lienzo. Es ahí donde el arte realiza su mejor función, actuando a modo de nigromante, limpiando toda una vida autoimpuesta y disoluta, bailada al son del diablo.

Es un film de muchas capas, por lo que su capacidad para la seducción es intrínseca, inefable. Quizás sí se puede explicar que explora la naturaleza del ser humano, y que aquél que se atreva a verla no va a poder desengancharse, experimentando por al menos 102 minutos la atracción inherente del ser humano por lo desconocido, por querer ver más allá, como un pintor, de lo que la mera fachada enseña. Y es que no solo la figura del ladrón, Karl-Bertil, ofrece un oscuro pasado. El rostro de Barbora refleja la serenidad y cortesía de aquella que domina los gajes de su oficio. Sin embargo, pinta cuadros, pero no los habita; vive en el mundo real y cotidiano, lleno de peligros que frecuenta y que no parece percibir. En definitiva, el espectador verá una película llena de símbolos, una historia compleja, cáustica y obscena, pero también brillante y lumínica: un paseo, al fin y al cabo, por el cielo de la condición humana, con su belleza iridiscente y su sombrío velo.

THE DAZZLED

The Dazzled (Les Éblouis) es el debut como directora de la francesa Sarah Suco, que hasta ahora había participado de la industria como actriz en trabajos como Llenos de vida. Lo cierto es que su paso a la dirección supone todo un descubrimiento. Quien es capaz de armarse de sutilezas en su primer cortometraje, construyendo un mundo ambivalente haciendo de ello una crítica a la intolerancia y el fanatismo, merece todo el reconocimiento. Y es que se intuye: la cineasta traza delgadas líneas de ambigüedad para demostrar que existen fuerzas ocultas, y que estas, en ocasiones, son imperceptibles al ojo humano.

Todo sucederá a través de la mirada de Camille (Céleste Brunnquell) una joven que verá defraudadas todas sus ilusiones en el mundo del circo debido al ingreso de su família en una comunidad religiosa. Esto romperá con todo: sus aspiraciones, amistades y su estilo de vida. Sarah Suco pinta con maestría una historia de la que fue partícipe, pues en su juventud formó parte de comunidades religiosas que debieron otorgarle una lúcida visión del fanatismo y su naturaleza velada.

Será Camille, joven y madura, quien construirá el camino. Nosotros como espectadores seremos ella. Nos imbuiremos de su rebeldía y pasaremos a formar parte de su fuero interno. Y sentiremos rabia, odio y dolor. Y comprenderemos hechos e ideas que creíamos superadas. La libertad no es algo que se deba dar por supuesto. La libertad es una aspiración continua, una batalla librada en mil frentes, donde cada pequeña victoria es una superación del pasado.

THOSE WHO REMAINED

La presente cinta narra una historia intimista, y como tal, debe abordarse desde cierta distancia, pues no podemos aspirar a imaginar lo que sienten los protagonistas de la misma, Klára y Aladár Körner. Nos encontramos en el Budapest asolado posterior a la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, en pleno dominio soviético sobre Hungría. Esta es la historia de los que permanecieron, los que sobrevivieron al horror y lo perdieron todo. El silencio es la abstención que expresa un sentir impronunciable: las palabras, sobran.

Basada en la novela homónima de la escritora y psicóloga Zsuzsa F. Várkonyi, el cineasta húngaro Barnabás Tóth vertebra una película compleja e interpretativa que fluye delicada y acompasadamente, urdida a través de una atmósfera fría y austera, que fraterniza con las miradas y los pequeños gestos que la joven Klára y Aldo se regalan, bajo un halo de circunspección y aflicción, y, por qué no decirlo, de sentimientos encontrados. Klára es una joven de 16 años bajo la tutela de su tía Olga que ve en Aladár alguien en quien acogerse, un galeno compungido y solitario que se convertirá en la figura paterna a pesar de sus dudas e inseguridades. Entre ambos se construye una relación plagada de sentimientos difíciles de definir y deliberadamente ambigua.

La estética fotográfica es un elemento clave que reproduce con verdadera fruición para el espectador un contexto de cinco años, que va desde 1948 hasta la muerte del dictador Stalin (1953). Años pesarosos, de un pasado reciente abominable y un futuro sin expectativas ni certezas, que acaba deviniendo en un proceso de reconstrucción y sanación interior por medio del amor y la amistad de aquellos que permanecieron. Al fin y al cabo, estamos ante un film lírico, clásico, emotivo, focalizado en las consecuencias de una barbarie que no vence la fortaleza de un sentimiento llamado amor.

Por Sergio Gavilán.

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