Colette y la feminidad de finales del siglo XIX y principios del XX

Después del estreno de la nominada a los Óscars, La Buena Esposa, ese mismo año, en España, se estrenó Colette, una película dirigida por Wash Westmoreland y protagonizada por Keira Knightley. Tanto la película como lo que hay detrás del argumento serán el objeto de estudio y análisis de Roser Griera quien se adentra en la vida de la escritora francesa Sidonie-Gabrielle Colette para explicar la condición de la mujer a finales del siglo XIX y principios del XX. Leed atentamente y esperamos que os interese.

Esta película es un claro reflejo de la vida de las mujeres burguesas, o de cierto nivel social, en la Francia de finales del siglo XIX y principios del XX, como en todo, el dinero siempre es el que marca los ritmos y estilos de vida. Las preocupaciones siempre han ido ligadas al nivel económico de cada cual. Debemos ser conscientes que los problemas a los que se enfrenta nuestra protagonista eran los sueños de mujeres de clase obrera o campesina, para las cuales, cada vez que tenían que poner el plato en la mesa, era una sangría. Nuestra protagonista es una joven humilde de 16 años, proveniente del campo francés, que se enamora de Willy, un escritor parisino de 30 años. Éste se encapricha de una joven sin dote (esa cantidad de bienes o dinero que se otorgaba a la mujer recién casada) y se la lleva a vivir a París (la “dote” aún estaba en vigor en esa época). Una vez llegados a París, a principios de 1890, se muestra la clara diferencia entre el campo y la ciudad, suponiendo para Colette una forzada adaptación, puesto que le era difícil habituarse a una ciudad avanzada y moderna.

Las preocupaciones siempre han ido ligadas al nivel económico de cada cual.

Más allá del cambio campo-ciudad, el film refleja otras cuestiones interesantes. Por ejemplo, en una ocasión, el film muestra como el matrimonio asiste a una fiesta y Colette pasa la noche sola mientras su marido coqueteaba con otra mujer. Esta actitud era típica de los círculos en los que se movía él, pero no en los que ella estaba acostumbrada. Además, Colette lo ve como una falta de respeto, no como un entretenimiento de su marido. De hecho, éste le dice “ella no es rival para tí”, argumento que le permite ser infiel. Asimismo, él deja claro a ella que esta actividad con otro hombre la tiene prohibida, pero no con otra persona del mismo sexo con lo cual. Esta secuencia demuestra que la infidelidad estaba permitida para los hombres y no para las mujeres pero, en estos círculos, las mujeres podían ir con otras mujeres. Por eso, Colette mantendrá relaciones con otras mujeres porque, si no había otro miembro masculino que no fuese el propio marido, no se consideraba un engaño, según muestra la película. Esta actitud machista y hetero-patriarcal aún perdura, aunque más débilmente en nuestros tiempos.

Esta actitud machista y hetero-patriarcal aún perdura, aunque más débilmente en nuestros tiempos.

Otro tema interesante es el mismo hilo principal de la película: el marido tenía la formación y la experiencia necesaria para ser escritor, pero no se le daba bien y, en cambio, su mujer tenía un talento nato para escribir. Por eso, Colette escribió las obras que hicieron famoso y rico a Will; primero, Claudine en la escuela y, posteriormente, Claudine en París. Sin embargo, y obviamente, el que controlaba las ganancias era Will. Con el dinero que ganaban compraron una vivienda situada en el campo que, obviamente, la pusieron a nombre de Will. Este fenómeno era común y normal, puesto que los varones controlaban el dinero familiar y las propiedades, algo que hasta hace poco también era la realidad en nuestra sociedad. Por lo tanto, las obras de Claudine fueron un faro de esperanza para las jóvenes parisinas del momento y, además, la invisibilización que sufre Colette, poco a poco, será más notoria.

Las obras de Claudine fueron un faro de esperanza para las jóvenes parisinas del momento

Volviendo a la película de Colette hay una escena muy interesante cuando el matrimonio va en tándem y ella pedalea mientras él hace tonterías. Este hecho es una clara metáfora de su matrimonio: ella realizaba el trabajo duro y él se beneficiaba de la fuerza de su esposa, al mismo tiempo que se convertía en la cara visible de la pareja. Igualmente, otro aspecto interesante del film es la cuestión de la homosexualidad, puesto que nuestra protagonista decide dejar de escribir por su marido para empezar una gira de obras de teatro con su amante, Missy o Mathilde de Mony, una mujer que vestía de hombre y se identificaba como tal, proveniente de la aristocracia. En la época existían círculos de la sociedad parisina, de clase alta y burguesa, que les encantaban las mujeres lesbianas: todo lo rompedor y considerado “depravado” era bien visto en esos círculos. Al final terminó volviendo a la literatura y escribiendo más de 30 obras y volvió a casarse dos veces más. Algunos la llegan a considerar la mujer más transgresora de Francia.

Todo lo rompedor y considerado “depravado” era bien visto en esos círculos.

Antes de terminar, cabe remarcar que Colette no es un caso aislado. Contemporáneas a ella, que han usado seudónimos o han escondido su sexo al publicar libros, han existido a lo largo de los años. Por ejemplo, la escritora catalana Caterina Albert, que publicaba con el seudónimo de Víctor Català o la británica Joanne Rowling, más conocida como J. K. Rowling, responsable de la saga de Harry Potter, entre otros muchos ejemplos. Como dice el mismo Will en la película, “las mujeres escritoras no venden”, por eso muchas firmaban con seudónimos o, simplemente, no firmaban.

Por: Roser Griera.

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